viernes, 6 de julio de 2012

Me puse a pensar en el pasado. Aquella época despreocupada en que nuestros horarios eran tan libres como nuestros corazones, antes de llevar el lastre de las experiencias, las rupturas y los bebés. Y no pude evitar preguntarme si el amor y la aventura seguían vivos en nuestro interior o si durante esa vida de solteras y despreocupadas habíamos perdido el barco.
Ya era oficial, había llegado el otoño. Tal vez sean nuestros errores los que conformen nuestro destino. Porque sin ellos, ¿qué daría forma a nuestras vida? Tal vez, si nunca nos desviáramos del rumbo fijado, no nos enamoraríamos, ni tendríamos hijos, ni seríamos quienes somos. Después de todo, las estaciones cambian y también las ciudades. Y las personas entran y salen de nuestras vidas, pero es un consuelo saber que aquellas a las que amas siempre vivirán en tu corazón. Y si tienes suerte, a un vuelo de distancia.

Destino.

Anoche me puse a pensar en el destino.. En esa chaladura de que en realidad no somos responsables del rumbo de nuestras vidas, de que todo está predestinado, escrito en las estrellas. Tal vez sea por eso que cuando vives en una ciudad desde la que no se ven las estrellas, tu vida sentimental sea más azarosa. Y si cada hombre, cada beso, cada dolor, viene definido por algún catálogo cósmico; ¿puede una dar un mal paso, pasarse la vida a la deriva por su vía láctea personal? ¿Podemos cometer un error que nos aparte de nuestro destino?