Me puse a pensar en el pasado. Aquella época despreocupada en que nuestros horarios eran tan libres como nuestros corazones, antes de llevar el lastre de las experiencias, las rupturas y los bebés. Y no pude evitar preguntarme si el amor y la aventura seguían vivos en nuestro interior o si durante esa vida de solteras y despreocupadas habíamos perdido el barco.