miércoles, 16 de noviembre de 2011

Crímenes.

Aquel hombre no era un loco. Trabajaba con la metralla silbando a su alrededor porque no podía esperar. El contenido de ese cuaderno era demasiado importante. Debía escribir cuando su mente se lo dictaba. No podía demorarse ni un segundo. ¿Qué era tan importante como para jugarse la vida? ¿Qué estaba escribiendo que le impedía levantarse y correr como hubiera hecho cualquier otro?
Aquel hombre puso límites a nuestro pensamiento. El mensaje que trataba de descifrar era el siguiente:

¿PODEMOS CONOCER LA VERDAD?

Todos los grandes pensadores de la historia han buscado una sola certeza, algo que nadie pudiera negar. Como dos y dos son cuatro. Para encontrar esa verdad, aquel hombre usó la lógica matemática. ¿Qué mejor medio?. Hasta llegar a una aterradora conclusión. 
NO EXISTE NINGUNA VERDAD FUERA DEL MUNDO DE LAS MATEMÁTICAS. NO HAY FORMA DE ENCONTRAR NI UNA SOLA CERTEZA ABSOLUTA. NINGÚN ARGUMENTO IRREBATIBLE  QUE NOS AYUDE A DAR RESPUESTA A LAS PREGUNTAS DE LA HUMANIDAD. 

La filosofía, por lo tanto, ha muerto. Porque de lo que no se puede hablar, mucho mejor es callarse.